Desde la Biennale de Venecia hasta la primera estancia en América (1956-1959)

Los años cincuenta fueron para Antonio Bueno la temporada de las "pipas". La imagen humana, desaparecida de repente de su producción "oficial" después del período de los "Pintores Modernos de la Realidad", fue sustituida por los objetos de valor metafísico: las pipas de yeso que Antonio y Xavier fumaban cuando eran estudiantes en Ginebra; y también las cáscaras rotas de huevo, los pinceles y los lápices. En esos cuadros se intentaba crear un compromiso interesante entre el abstraccionismo y la imagen; algunos de los paisajes de esos años particularmente difíciles también manifiestan semejante intención. Con cuadros de ese género el artista se presentó en 1953 en la galería "La Bussola" de Turín (su primera exposición personal de auténtico relieve, presentada en el catálogo por Eduardo Sanguineti) y, más tarde, en la Biennale veneciana de 1956.

Naturalmente esta pintura no se podía vender fácilmente; aun menos en Florencia la dominante tradición rústica prohibía a priori comprender una operación semejante. La mejor compensación, por toda su varia y febril actividad, Bueno la tuvo de las amistades y de los vínculos que supo entablar en esos años, algunos de los que muy pronto se revelaron decisivos. Su obra atrajo la atención de personalidades como Argan, Sanguineti, Praz, Quasimodo y, entre los extranjeros, Albert Camus, Lucien Goldmann y Jorge Guillén. Era significativo que el ambiente florentino se ocultaba. Entre los artistas florentinos Bueno tuvo sólo un amigo verdadero: Silvio Loffredo. Siempre recordó su "alegría, su "bouffonnerie" con la que a menudo lograba hacerlo mucho más joven.

La pintura "neometafísica" de Antonio Bueno obtuvo la primera aceptación notable en la XXVIII Biennale de Venecia, en 1956. Bueno, al que ningún crítico había presentado, logró seleccionar sus propias obras superando el examen del jurado de admisión; y esta fue la última ocasión en la que se permitió el acceso a la Biennale también a los artistas no invitados oficialmente. De todas formas, el éxito decisivo lo esperaba fuera de Italia: un viraje verdadero en su carrera empezó en Nueva York. En 1958 el artista había conseguido, gracias al apoyo de la galería romana "El Obelisco" (con la que había firmado un contrato), a realizar un viaje a los Estados Unidos para organizar una exposición personal en las salas de la "Sagittarius Gallery" de Manhattan. Se presentó con una serie de cuadros de "pipas"que fueron vendidos casi todos en muy poco tiempo; y la crítica habló de él en términos más bien halagüeños.

Bueno firmó contratos con otras dos galerías de Nueva York, la "World House Gallery" y la "Contemporaries"; empezaba a esbozarse la posibilidad de establecer relaciones particularmente fructuosas, de prolongar la estancia en América, de convertirlo en un traslado estable. Pero fueron ocasiones de las que él no supo disfrutar. Pocos meses después prefirió volver a Europa, atraído por el proyecto de una exposición personal en París en la que se esperaba una presentación de Albert Camus. La idea fue aplazada por falta de coordinación y después se evaporó definitivamente cuando (pocos meses después) Camus perdió la vida en un accidente de tráfico.

De todos modos el benéfico eco de sus éxitos en Nueva York había alcanzado Florencia, y al volver Bueno se dio cuenta de una rápida e inesperada revalorización de su obra por parte de la crítica. Las "pipas", que antes no interesaban a nadie, ahora estaban en demanda; había un flujo de encargos de todas partes. Hasta entonces, de toda su producción "oficial" después del período de la "Realidad", había logrado vender, en Florencia, sólo tres cuadros, y ni uno más: si es verdad, como suponía Degas, que para animar las artes hay que desanimar a los artistas, se puede constatar que el ambiente florentino de la época era uno de los más fieles seguidores de este principio. Al volver de los Estados Unidos, la pintura de Bueno conoció el primer, breve período de favor, suficiente para poner en orden la situación financiera del artista (que, por ejemplo, logró comprar su primer coche, un "Seiscientos" usado). Sin embargo, se trató de un período de corta duración: porque él mismo decidió, casi inmediatamente, ponerle fin.

En efecto, Bueno, casi espantado o molesto por la aceptación imprevista del público, acabó con su paréntesis "metafísica" y decidió cambiar radicalmente el género de pintura. Evidentemente tenía miedo de estar condicionado por el éxito de mercado, de enterrarse en la repetición de una producción comercial; por eso, de modo bastante idealista, sacrificó la incipiente fortuna a la conservación de su propia independencia creativa. Éste no era el primero de los clamorosos "cambios de opinión" de Bueno, y, a decir verdad, no sería tampoco el último. Muchas veces en su carrera sintió la necesidad de renovarse, de empezar todo desde el principio, eludiendo con negligencia las esperanzas, las exigencias, las tendencias de moda; y en realidad esta manía de mirar hacia el más allá le proporcionó muchas iluminaciones exuberantes. Claro está que estas ideas provocaron con mucha frecuencia la desorientación de los críticos y de los colegas; y él sufrió, a causa de su obstinada "irregularidad", marginación y sospechas. No por casualidad a Bueno siempre le faltó el crítico que se empeñara en imponerlo, en promoverlo. Su trabajo despertaba a menudo aprobación e interés, pero también con frecuencia suscitaba la identificación total; eso será debido a que alguna crítica sigue e identifica mejor a los artistas que forman parte de corrientes determinadas, los más representativos de su época. 

Por eso desde 1959 Bueno (a pesar de la oposición animada de su mujer Evelina) dejó de pintar definitivamente las naturalezas muertas y composiciones metafísicas. Para evitar tentaciones, destruyó la amplia colección de pipas; y, recogiendo esos trozos, pintó un último cuadro que tituló bastante elocuentemente El cementerio de las pipas. Empezaba así para él un período largo de experimentos, también bastante atrevidos; experimentos ya no aislados y privados, sino hechos ahora en colaboración directa con muchos otros artistas, florentinos e italianos.